A medida que las empresas crecen, es común que pierdan velocidad. Lo que alguna vez fue un equipo ágil y dinámico puede transformarse en una estructura lenta y burocrática. ¿Te pasó alguna vez sentir la frustración de hacer tareas repetitivas, estar en reuniones que podrían haber sido un email o lidiar con procesos eternos para que las cosas pasen?
En un trabajo anterior, recuerdo haber tenido una charla con el jefe de mi jefe sobre lo difícil que era hacer avanzar los proyectos. La empresa había caído en la trampa de crear su propio laberinto burocrático, haciendo que todo el sistema fuera difícil de navegar. El resultado: colaboradores aburridos, estresados, con ganas de cambiar y la moral por el piso.
Para evitar que esto pase en tu equipo o en tu propio proyecto, lo fundamental es trabajar en la agilidad y el dinamismo. Ya sea que lideres un equipo en relación de dependencia o gestiones tu propio emprendimiento, ganar velocidad en la toma de decisiones y en la ejecución es clave para mantener la motivación y el rendimiento.
1. Experimentar con velocidad: lanzá en escala pequeña
Una de las estrategias más efectivas para ganar agilidad es implementar el concepto de lanzar en escala pequeña e ir mejorando continuamente.
Esto significa que en lugar de dedicar meses o años a desarrollar un proyecto perfecto, empezás con una versión mínima y la mejorás sobre la marcha.
Para hacerlo bien, adoptá el enfoque del método científico:
- Planteá una hipótesis: Definí lo que querés probar.
- Lanzá rápidamente: Implementá una pequeña parte de la idea.
- Medí los resultados: Analizá qué funcionó y qué no.
- Iterá sobre lo aprendido: Ajustá lo necesario y volvé a lanzar.
Lo importante es acostumbrarse a tomar decisiones basadas en datos, no en intuiciones o corazonadas.
Esta metodología aumenta tus chances de éxito porque no invertís tiempo y recursos en algo que tal vez no funcione.
2. Remover fricciones del día a día
Además de moverte rápido, es esencial eliminar obstáculos que dificulten el trabajo cotidiano.
Empezá por hacerte estas preguntas:
- ¿Qué procesos ya no aportan valor y pueden eliminarse?
- ¿Qué tareas repetitivas pueden automatizarse con tecnología?
- ¿Qué actividades pueden delegarse para liberar tiempo?
Algunas ideas prácticas que uso en el día a día para reducir fricciones:
- Calendarios compartidos de Google o Calendly: Para que los demás puedan agendar reuniones sin necesidad de coordinar manualmente.
- Programación de correos con Gmail: Para que los mensajes lleguen en el momento preciso.
- Videos cortos con Loom: Para explicar temas complejos en lugar de tener reuniones largas.
- Gestión segura de contraseñas con Bitwarden: Ahorrando tiempo en recuperar accesos o compartir credenciales.
- Documentación en línea con Google Docs o Notion: Para mantener toda la información centralizada y accesible.
Si después de este proceso identificás tareas que no pueden eliminarse ni automatizarse, preguntate si pueden delegarse.
Transferir ciertas responsabilidades a otras personas del equipo puede aliviar tu carga y permitirte concentrarte en tareas de mayor impacto.
Iterá para mejorar
Lograr agilidad en el trabajo no es cuestión de suerte, sino de construir hábitos que impulsen la eficiencia y la toma de decisiones rápidas.
No tengas miedo de probar nuevas herramientas o metodologías. Lo importante es iterar continuamente, medir el impacto y ajustar lo que sea necesario.