Esta semana presenté por primera vez “Tiene que haber algo más“ en el programa en Georgetown. La estructura de la presentación era una exposición de 5 minutos en inglés con diapositivas y 3 minutos de preguntas del panel internacional de jueces. Después de ver los 30 proyectos, el jurado iba a elegir a 5 para participar en una conferencia en la universidad y yo me puse como objetivo entrar en ese podio.
En el programa había proyectos muy variados, proyectos de ideas sin ejecución, y de todo tipo de industrias. Algunos eran del sector público y otros, del sector privado. Algunos participantes mostraban proyectos que querían hacer dentro de sus trabajos en relación de dependencia y otros mostramos proyectos propios.
Decidí explicar el problema a solucionar, contexto global, qué es “Tiene que haber algo más”, el podcast, la comunidad, por qué estoy haciendo este proyecto, mi historia, equipo, en qué somos diferentes, modelo de negocio, historias de oyentes, objetivo para 2023 y los hitos que se lograron desde el lanzamiento.
El proceso fue largo y desafiante. Empecé anotando ideas a mano en una hoja y las fui reordenando hasta tener una estructura clara para mis diapositivas. Las primeras veces lo contaba con las hojas en la mano dibujando flechas para ir cambiando el orden y de a poco fui armando la estructura de las diapositivas hasta que pude aprenderlo casi de memoria.


Cada vez que practiqué en voz alta frente a público fue una instancia invaluable para conseguir una devolución inmediata. Practiqué 15 veces en diferentes escenarios iterando cada vez que las caras me demostraban que algún concepto no se entendía.
A partir de la conversación con Hernán Casciari, aprendí que el mensaje es la experiencia completa y no solo el contenido. Trabajé para que mis diapositivas sean complementarias a lo que decía en la presentación, generar pausas para llevar la atención, contar la historia para generar empatía y las diferentes emociones que quería transmitir.
Sin embargo, mi perfeccionismo hizo muy difícil el proceso generando mucho estrés. Sentía que quería hacer todo lo posible para hacer la mejor versión y eso me agotó. Viví las últimas semanas con demasiado peso trabajando incontables horas en este tema.
Hace unos días presenté ante el jurado y quedé conforme con mi desempeño. La reacción de ellos fue de empatía con el problema, pero, sin embargo, no me eligieron. Me dijeron que otros proyectos podían generar más impacto en Latinoamérica que el mío.
Me sentí pésimo durante las siguientes 24 horas. Si bien entiendo que hay muchos factores que se ponen en juego a la hora de elegir, yo sentía que lo había hecho muy bien como para poder quedar.
Mi conclusión es que valió la pena pasar por este ejercicio, ya que estoy segura de que el podcast va a tener más oyentes después de esto. Sin embargo, le deseo a mi versión del futuro que sea más amable conmigo misma para que no sea tan desgastante el proceso.