¿Te diste cuenta de que las tareas tienden a complejizarse con el tiempo? Ante los problemas solemos agregar más, más dinero, más personas o más herramientas.
Cuantas más decisiones tomes durante el día, más difícil se vuelve tomar cada decisión. El cerebro busca atajos para saltar el cansancio que le causa y generando como consecuencia una peor toma de decisión.
Este comportamiento se llama fatiga de decisión.

Cuando te sientas sobrepasado en tu vida o trabajo, hacete esta pregunta. ¿Esto que tengo en frente es candidato a ser eliminado, automatizado o delegado?
Van algunas pistas para saber cuando aplicar cada una:
Eliminar: Hay pocas cosas que realmente mueven la aguja, aunque parezca contra intuitivo, no tengas miedo a dejar de hacer algo si ya no tiene sentido en el contexto actual.
Cuando el impacto que genera es despreciable. Pregúntate ¿Por qué estás sosteniendo esto? ¿En qué contribuye a tus objetivos personales o profesionales?Automatizar: Si tenés una tarea repetitiva que no requiere creatividad o que una persona decida como resolver, quizá hay tecnología que te pueda ayudar a que se haga sola.
Algunos ejemplos son usar herramientas como Zapier para conectar aplicaciones, poner en débito automático tus gastos fijos mensuales o usar un calendario compartido para agendar compromisos más fácil.Delegar: Recomiendo delegar solamente cuando la tarea pasó los dos primeros filtros, si llegó acá quiere decir que hace la diferencia, te agrega valor y necesitas que alguien lo resuelva.
Listá con detalle cuáles son las tareas y responsabilidades, anotá los pasos como vos lo resuelves para generar un proceso, documentá los escenarios de resolución, busca alguien que lo pueda resolver, acompaña en el proceso para minimizar la curva de aprendizaje, monitorea como lo está haciendo y dale devolución de sus resultados.